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CATARSIS III: RUIDOS EN MI CASA Y EN LA DE SÉNECA

Creo que una de esas virtudes que te hacen vivir mucho mejor y más felizmente es la de ser más tolerante con los demás y tolerar más los imponderables de la vida diaria. Recientemente me he mudado a un piso y he tardado un año en darme cuenta de que en lugar de enfrentarme de forma frontal a todos los inconvenientes que tiene, el tolerarlos me hace mucho más feliz. En el caso particular del piso los ruidos de los vecinos me crispaban. Dicen que es uno de los grandes problemas de las grandes ciudad de este siglo. Pero leyendo a Séneca he aprendido que no deben crisparme tanto y que el problema no es excvlusivo de este siglo. Leamos como es el apacible piso en el que vivía Séneca y cual era su actidud:
"Perezca yo si el silencio es tan necesario para el que se ha retirado a estudiar. He aqui que por doquier me rodea un griterío
abigarrado; habito encima de una casa de baños. Imagínate ahora toda clase de gritos que pueden resultar odiosos a los oidos: cuando los más vigorosos atletas se ejercitan y lanzan sus manos cargadas de plomo, cuando se fatigan o simulan al que está fatigado, oigo gemidos; cuantas veces dejaron escapar el aliento contenido, oigo silbidos y respiraciones muy penosas; cuando de algún perezoso y que se contenta con esa unción plebeya, oigo el chasquido de la mano que chocacon las espaldas, que llega bien llana o cóncava y cambia su ruido según sea. pero si ha llegado un jugador de pelota y empieza a contar los tantos de las pelotas, es el acabóse. Añade, además, al pendenciero, al ladrón apresado y a aquel a quien le gusta su voz cuando está en el baño; añade a esos que saltan a la piscina, con el ruido ingente del agua que ha sido agitada. Fuera de ésos, cuyos gritos son, si no otra cosa, naturales, imagínate al depilador, que a menudo lanza una voz delgada y estridente para hacerse señalar más y que no calla nunca sino cuando depila las axilas y obliga a que otro grite por él; imaginate todavía las diversas exclamaciones del pastelero, del salchichero y del confitero y a todos los vendedores de tenduchos vendiendo se mercancía con su cantinela característica".

Extracto de "Cartas a Lucilio" de Séneca. Traducción del latín de Vicente López Soto. Editorial Juventud

2 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

Séneca tenía carita de estar un poco fastiadillo,tirando a resignado, a causa de los ruidos que tenía que soportar, sin embargo y tal como has hecho tú lo ideal, es aprender a soportarlos, e incluso a apreciarlos, incluso a echarlos de menos, y es que tiene su gracia, mejor oir algo de vez en cuando, porque hasta la soledad se lleva mejor. Juani.

26 de agosto de 2008, 14:42  
Blogger Kim Pérez ha dicho...

Dialogo contigo poniendo aquí un comentario propio sobre otro libro:


Leo "La Divina Geometría", titulo justo para un libro de Jaime Buhigas Tallón que recuerda que la relación de esa nítida ciencia con la realidad física ha sido intrigante por lo menos desde Pitágoras y Platón. Menciona a Robert Lawlor, "Sacred Geometry" (página 136)

No puede no verse en la Geometría un desvelamiento racional y primordial, mucho más detallado, comprobable y sobrecogedor que el de las revelaciones religiosas.

Las Matemáticas desvelan la plantilla con la que está construido el mundo. Nos hacen entrar en lo que lo ordena inteligiblemente. Diciéndolo en lenguaje religioso, entramos con ellas en la mente de Dios y pasma comprender que es una mente ingenieril.

Algunos indicios nos han ido acercando a esta convicción. Pitágoras comprendió la relación entre el número y la música. A simple vista, nos ha asombrado que los panales constituyan una red hexagonoidal, demostración palpable de que las Matemáticas no son una construcción humana, sino una propiedad de la naturaleza. Luego hemos sabido que la gravedad funciona conforme a la proporción numérica que identificó Newton. Eso nos ha permitido saber por qué los astros son esferoidales.

Conforme más vamos sabiendo, más clara nos aparece la estructura matemática de la realidad. No sólo en los cálculos físicos, que nos han habituado a prever los hechos naturales haciendo números, sino incluso en las formas: la espiral logarítmica en las conchas de los caracoles, el pentágono en la de las estrellas de mar, forma primigenia de los cordados, luego vertebrados; Jaime Buhigas recuerda (página 166) que las hojas se distribuyen en los tallos siguiendo números de Fibonacci, que rigen también otras formas vegetales.

Pitágoras y Platón comenzaron a extraer consecuencias morales de esta realidad. La primera, que el mundo es orden, no caos, que la inteligencia humana debe hallar, no inventar. Sabiendo lo que sabemos, se puede decir que, incluso si queremos crear un universo, lo hacemos conforme a la plantilla matemática. No podemos dejar de estar sometidos a la razón, por más que lo pretendamos.

Platón en particular pensó mucho alrededor de la noción matemática de límite, configurándola bajo la dualidad imperfección-perfección, aunque no supo precisarla. Lo más fuerte a lo que llegó fue a la intuición de que la vida humana entera puede entenderse como imperfección perfectible, aunque queda por explicar cuál es el número al que tendemos y por qué (intuyo que necesitamos una forma del Uno)

Buhigas no deja de aludir a un Templo que representa, en pie, la Divina Geometría: el Escorial, en el que se funden la sabiduría judaica y la platónica. ¡Qué dolor que las hogueras de la Inquisición siguieran ardiendo a pocas leguas!

Kim

10 de septiembre de 2008, 13:12  

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