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LA CRISIS Y LA ÉTICA EMPRESARIAL

Cuando en una sociedad los valores morales se pierden, solo las leyes pueden impedir que las libertades de terceros se vean usurpadas. Pero las leyes no son suficientes.

Las empresas han cambiado. Desde los años 30 en los que los dueños que las habían creado eran los propios gestores y en los que una serie de principios impregnaban la vida social y de los negocios, algunas tendencias que minusvaloraban y minusvaloran las tradiciones heredadas y la irrupción de, en palabras de Adolph A. Berle Jr y Gardner C.Means en The Modern Corporation and Private Property, los "nuevos inversores sin rostro que no sentían interés ni estaban comprometidos con la compañía y a los que lo único que les importaba eran los beneficios a corto plazo" y con la que "la posesión se divorciaba del control y se convertía en una mera ficción legal, y el management se acostumbraba a no rendir cuentas ante nadie ni por nada", hicieron que todo cambiase.


Según Gardiner los causantes de la crisis ética empresarial son el triunfo del individualismo sobre el espíritu de grupo, la aceptación del relativismo que conduce a la ausencia de valores universales, el rechazo a los dogmas y disciplinas de grupo y la desregulación de los mercados y globalización de la economía en detrimento de los valores tradicionales del mundo de los negocios como son el respeto a la palabra dada, la ética del trabajo, la honestidad, la austeridad y la inversión.

Hay que decir que esta situación no es exclusiva del mundo de los negocios. La moral como hecho individual pero como fenómeno social es dificil de crear pero fácil de destruir. No hay forma de construir la moral de una sociedad con acto legislativo alguno ni por medio de ningún tipo de adoctrinamiento. La propia etimología nos da la pista: mos, mores es el termino latino para designar costumbre y solo gracias a ella, y a los valores que con el tiempo y a lo largo de generaciones se van sedimentando, la sociedad consigue su estructura moral. La moral, además de formar una estructura social derivada del comportamiento de los individuos que la componen y de las relaciones que nacen entre ellos, es intrínseca al individuo. Por herencia. Y de esta forma se anticipa al hecho legal. Y lo hace además con la flexibilidad que le confiere el discernimiento y con la libertad derivada de la propia posibilidad de elección. Uno decide como actuar dentro de su ámbito moral, y lo hace en libertad, lejos de la coacción legislativa. Por otra parte inevitable consecuencia del fracaso social del ser humano. La tecnocracia en la que vivimos queda vacía sin el lado humanístico de la vida. Todos somos responsables de ello y a mayor eco mediático mayor responsabilidad social.

Pero ¿Que consecuencias tiene todo esto en la crisis finaciera y empresarial actual? Como se ha dicho, la moral como rasgo identitario individual confiere a la persona una responsabilidad social que se desarrolla mediante su comportamiento. Cada una de las personas que forman parte de la empresa tiene que ejercer unas determinadas funciones bajo criterios éticos culturalmente establecidos. Es cierto que la moral es un hecho individual con influencias sociales y que una sociedad cuya moral esta arraigada es garantía de convivencia y civismo. Pero el marco legislativo y los procesos de control son los que tienen que velar porque actitudes inmorales no afecten la libertad de terceros. La tecnocracia y el liberalismo quedan como un cascarón vacío si no se le dota de los principios y valores humanísticos que nuestra sociedad todavía alberga. Balances y cuentas de resultados que no reflejan la realidad, falta de información al accionista, estadísticas maquilladas, intermediarios para los que su beneficio esta por encima del de la empresa, etc. han sido son hechos habituales que han llegado a normalizarse en muchas empresas y órganos de supervisión o información. El denominador común: Lo que Peter Drucker considera el acto empresarial inmoral por antonomasia el perjuicio consciente a terceros.


La suplantación de lo moral por lo legal (que muchos parecen empeñados en conseguir), es un reto, al margen de profundamente equivocado, imposible de culminar. Y tiene su reflejo económico en el liberalismo. Ninguna planificación puede igualar la capacidad y el potencial que ofrecen la suma de las decisiones de los ciudadanos. Recuperemos nuestros valores. Cada individuo de la sociedad es, mediante su actitud, responsable de ello. La responsabilidad civil de una sociedad se cumple a diario. No son los actos de los malos los que hacen daño, sino la inacción de los buenos decía el clásico. Recuperemos el concepto de conciencia social de Sherwin en el que cada persona debe tener "un sentido de la obligación de hacer el bien".


Bibliografía:


- Textos de don Fernando Carlos De Valdivia González de la Universidad politécnica de Cataluña.
- Textos de doña Raquel Recasens Alsina de la Universidad politécnica de Cataluña.
- Peter Drucker Esencial

1 comentarios:

Blogger Kim Pérez ha dicho...

Estoy plena y sobrecogidamene conforme con este planteamiento.

Porque, sorprendentemente, la crisis que estamos viviendo es una crisis moral.

Para entenderla, cabe usar lo más básico del pensamiento de Marx: las condiciones económicas forman la conciencia (en la escala de masas; a Marx se le olvidó valorar otras formas de conciencia más individuales)

Fue entonces el régimen del capital financiero agravado por la desregulación total en la que tanto creyó Alan Greenspan, y cuyos resultados ve ahora con espanto, lo que creó un tipo de conciencias temerarias, jugadoras y amorales.

La crisis nos devuelve el sentido de la economía real y el esfuerzo. De ella saldrá una nueva moral de la empresa.

Sus fuentes, en nuestra época crítica, deberán fundarse en la filosofía. Sugiero a Platón y Séneca como maestros, sin olvidar a Marx (lo aprovechable)


Kim Pérez

1 de noviembre de 2008, 2:35  

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